“Tener la ambición de llegar a un acuerdo en Rio +20 es ser demasiado optimista”

26.03.2012 | Destacadas

El alemán Marcel Engel, es Director de la Red Regional del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) . Estuvo en Buenos Aires participando de algunas actividades del Consejo Empresario Argentino para Desarrollo Sostenible (CEADS) En uno de sus pocos contactos con la prensa argentina dialogó con ComunicaRSE sobre el panorama mundial de la sustentabilidad, las expectativas sobre Río+20, las visiones encontradas entre los países desarrollados y emergentes en torno a desarrollo, el avance de los negocios inclusivos y la conveniencia del término Economía Verde. Adelantó el lanzamiento de un documento “para una discusión política" titulado “Changing  Rate” (cambiando el ritmo) que busca implementar  una visión de corto plazo sobre lo que debe hacerse en materia de RSE y sustentabilidad.


¿Cuáles son las diferencias más notorias que encuentra  en los diferentes ámbitos o regiones  contrapartes en las que se trabaja con la agenda de sustentabilidad?

A veces la diferencia no es tanto entre regiones sino de consejo en consejo. En términos generales tenemos dos tipos de aliados regionales: los primeros son los clásicos consejos empresariales para el desarrollo sostenible como el CEADS, que por cierto fue el primero en unirse a la red mundial del WBCSD en 1992 y se formo como reflejo de lo que es el WBCSD. 
El consejo  comenzó  trabajando con temas ambientales vinculados a la sustentabilidad en una primera instancia, luego pasamos a cubrir los temas sociales como  la RSE a final de los años 90. Y a comienzo del 2000 agregamos los temas socioeconómicos como los negocios inclusivos.

Nuestro segundo  tipo de contraparte regional  no son los clásicos consejos empresariales pero tienen similitudes porque son empresariales y cuentan con liderazgos de CEO. Se distinguen porque su experiencia  viene más de la tradición de la responsabilidad social empresarial que tuvo mucho peso en Latinoamérica. Es decir,  trabajan más la agenda social que la empresarial.  La tendencia de estas organizaciones en los últimos años ha sido que han interpretado la RSE de manera más integral incluyendo temas ambientales. Es difícil generalizar porque el concepto de RSE se instaló en todo el mundo.

El consejo participa de muchas negociaciones  internacionales asistiendo en temas de la agenda de la sustentabilidad. ¿Observa diferencias en las posturas entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo?

Nosotros no participamos de las negociaciones internacionales porque estas son exclusivamente intergubernamentales. Lo que si logramos hacer es asistir en temas claves, dar un aporte desde el sector empresarial a las negociaciones desde nuestro rol de  grupo de interés. Pero todavía es difícil para el sector empresarial participar en este tipo de encuentros.

Las reuniones en las que más participamos son las cumbres sobre Cambio Climático. Desde 1997 participamos en el Protocolo de Kioto donde fuimos los primeros en apoyar la necesidad de crear un marco global y un ethos común para pensar esta problemática.

El antagonismo que se puede dar entre países industrializados y en vías de desarrollo en el marco político general no se ha dado en la misma medida en el marco del consejo empresarial ya que suele haber más consenso entre empresas que entre  los gobiernos. Sin embargo, en el área de cambio climático hay un antagonismo entre empresas importante.  El fracaso de la reunión de Copenhague lo evidencia.  Un antagonismo pero no necesariamente entre norte y  sur sino con nuestros vecinos del este, con los EEUU. 

Quizás las expectativas irreales de la comunidad europea  y del país anfitrión, que buscaban llegar a un acuerdo global demasiado ambicioso llevaron a que no se logren concretar los acuerdos. Además  el contexto internacional no lo permitía,  EEUU no participó de manera constructiva en las negociaciones, hubo bloqueos de algunas de las economías emergentes como India, Brasil, Arabia Saudita por diversas razones. Todo esto nos llevó al fracaso.

Un año más tarde en Cancún las cosas cambiaron, el gobierno de la India cambió de actitud y colaboró elevando las expectativas y  logrando acuerdos locales que contribuyeron  a un marco global para la discusión. También hubo un cambio en el gobierno chino que incluyó el tema en la agenda local, dando señales positivas y mostrándose abiertos  a  participar en compromisos concretos. Por todo esto creo que ese bloque norte- sur se está disolviendo.

La visión 2050 ya lleva un tiempo en funcionamiento, ¿en qué estadio se encuentra esta hoja de ruta?

Esta visión la lanzamos en 2010, en Nueva Delhi, como un esfuerzo de nuestras empresas miembros y de las contrapartes regionales. Fue planteada como  un marco para la discusión con otros actores sociales.  Uno de los avances de esta visión es la búsqueda de posibilidades de aplicación a visiones locales y nacionales. Otro avance es el lanzamiento de un documento para una discusión política titulado “Changing Pace” y que busca implementar  la visión a corto plazo. La visión a largo plazo es fácil de evaluar y comprometerse, el desafío es al corto plazo.

 

 

La visión 2050 tiene dos etapas: Una primera etapa llamada la década turbulenta que busca la definición de pautas para el desarrollo sostenible y una segunda etapa de definición y transformación. Este nuevo documento político incluirá recomendaciones para los gobiernos sobre políticas, regulaciones, incentivos financieros  para avanzar más rápidamente en el corto plazo en cada uno de los 9 elementos que tiene la Visión 2050. Será lanzado el próximo mes y tenemos la esperanza de que podamos utilizarlo para iniciar diálogos para la definición de políticas públicas a corto plazo.

¿Es optimista con respecto a los resultados que vayan a tener las negociaciones que se darán en  Rio+20?

Las condiciones del contexto actual para la realización de esta reunión no son favorables. El contexto global está marcado por una  crisis en los países de la OCDE, con preocupaciones que tiene que ver con el financiamiento de la deuda; políticas de austeridad; movimiento político áspero por las protestas en EEUU, Europa y china debido a la polarización de ingresos; conflictos intergeneracionales en los que sufre el financiamiento del sistema de salud; en fin muchos problemas de corto plazo que están desviando la atención intergubernamental del desarrollo sostenible a mediano y largo plazo.

Además nos encontramos en un mundo con una falta de liderazgo intergubernamental no solo en el tema del cambio climático sino también en rondas de comercio.  Tener la ambición de llegar a un acuerdo intergubernamental en Rio +20 es ser excesivamente  optimista. Sin embargo esta reunión puede ayudar a concentrar energías para relanzar la necesidad de un desarrollo sostenible y crear nuevas dinámicas. Pensamos que el sector privado, por su naturaleza, está teniendo iniciativa y liderazgo en estos temas. Las soluciones propuestas en la visión 2050 puede y debe ser proporcionado por este sector empresarial.

En la agenda de Rio+20 se están discutiendo dos modelos para generar una nueva gobernanza mundial :  crear una nueva mega agencia mundial o fortalecer el PNUMA.  ¿cuál es la posición del consejo sobre esto?

Crear una nueva organización podría contribuir a fomentar la proliferación de instituciones. Lo que necesitamos es focalizar los esfuerzos para encontrar soluciones concretas a los desafíos de sostenibilidad. Si bien la creación de un marco institucional va a ser un tema importante en Rio+20, dudo que eso lleve a la creación de una nueva agencia mundial. Es más probable que se fortalezcan instituciones existentes, como el PNUMA.

¿Le  parece que el concepto de nueva economía verde es representativo de lo que entendemos por sustentabilidad?

Nosotros preferimos hablar de crecimiento verde que tiene una connotación empresarial más interesante. El concepto de economía verde se queda corto, por eso prefiero hablar de crecimiento verde e inclusivo para no olvidarnos del pilar socioeconómico. En esto estoy de acuerdo con algunas críticas de los países en vías de desarrollo que dicen que la idea de economía verde tiende a ser interpretado desde el enfoque puramente ambientalistas y por ello queda demasiado corto y que no se debe dejar de lado los aspectos socioeconómicos y la inclusión social.

Al respecto de esto, ¿funcionaron los negocios inclusivos?

Siguen funcionando. Nosotros tenemos iniciativas interesantes, la más importante en Latinoamérica. Tuvimos una alianza con la agencia de desarrollo holandés entre 2006 y 2010. Trabajamos en Centroamérica y en la región andina donde el SNV tenía oficinas locales y nosotros teníamos contrapartes regionales. En el marco de esta iniciativa se identificaron 80 proyectos de negocios inclusivos de los cuales se están implementando la mitad. Estimamos, a pesar de que esto es difícil de cuantificar, que tienen un impacto positivo en alrededor de medio millón de familias.

Esta iniciativa se ha ampliado gracias a  la formación de la Red latinoamericana de Líderes empresariales. Nuestros amigos del CEADS está actuando como eje coordinador de esta iniciativa de líderes y  ya tenemos más de 1000 CEOs involucrados. La iniciativa tiene tres objetivos: (1) comprometer a los CEOs para implementar proyectos en negocios inclusivos dentro de sus propias empresas, (2) actuar como agentes para convencer a otros CEOs sobre la importancia de estos negocios. Éste fue el principal factor de éxito de la iniciativa; y (3) comprometer a los CEOs a dialogar con los gobiernos para crear un entorno más positivo.

Los negocios inclusivos han sido un éxito y por ello buscamos ampliarlo a África y a Asia. A pesar de esto no ha sido llevado a la escala que es necesaria debido a la falta de compromiso de los gobiernos para crear incentivos y entornos apropiados para estos negocios a escala.

Hoy estuvo en el Lanzamiento del año de trabajo del CEADS,  ¿cómo evalúa la mirada de las empresas argentinas sobre cuestiones de responsabilidad social?

Además de esta reunión estuvimos en la reunión sobre energía sostenible para todos. Es una iniciativa global de las Naciones Unidas con tres metas  (1) acceso energía para todos hasta el 2030; (2) doblar las energías renovables y (3)doblar  la eficiencia energética  para 2030.

Si bien  no soy experto en el tema me sorprendió el nivel de sofisticación de las discusiones a nivel local y de las iniciativas argentinas como las de Edenor y Gas natural en el área de acceso energía en Buenos Aires. También me sorprendieron las acciones de Simmens sobre eficiencia energética y desarrollo urbano y las iniciativas interesante de CAPEX sobre energías renovables y su trabajo con energía eólica e hidrógeno. Lo que más me intereso de la discusión fue el enorme potencial que tiene Argentina en el área de energías renovables sobre todo lo que se refiere a la energía eólica por la capacidad de los vientos de la Patagonia.

¿Cuál es el termino más adecuado para nombrar estas acciones, RSE, sustentabilidad?

En el WBSCD comenzamos trabajando con el concepto de responsabilidad social empresarial a finales de los 90 y sacamos nuestra propia definición holística sobre este concepto. A principios del 2000 dejamos de usar este concepto debido a la mala interpretación que se le estaba dando. Muchos de nuestros miembros veían problemas con la palabra “responsabilidad” ya que tenía connotaciones negativas y la palabra “social” llevaba a olvidar el aspecto ambiental. Además estaba vinculado con la filantropía. Si bien no negamos la importancia de las acciones filantrópicas en las empresas, éstas termina siendo restringida por los presupuestos. 

Por ello en el WBSCD hablamos de sustentabilidad pero reconociendo los pro y los contra de este concepto. Más allá del término la importancia está en bajar el concepto a la realidad, a su aplicación práctica.

De los temas en la agenda de sustentabilidad, ¿cuál priorizaría?

Nosotros tenemos 4 áreas de trabajo y 3 temas en los que focalizamos nuestras acciones y que creemos que son claves: el primero es la agenda de desarrollo: El componente socioeconómico de la sustentabilidad es fundamental ya que mientras la gente no tenga que comer los esfuerzos de mediano y largo plazo son irrelevantes. Todo lo que tenga que ver con la contribución de las empresas para reducir la pobreza,   mejorar los estándares de vida. Segundo creo que energía y cambio climático son dos temas claves . Si bien son desafíos a mediano y a largo plazo creo que hay una evidencia cada vez más fuerte de los efectos del cambio climático en nuestra vida cotidiana. Pero además es un asunto de negocios debido a  la escasez de recursos energéticos. Y el tercer tema el de los ecosistemas. Desde que se publicó el Millennium Ecosystem assessment en el 2007 sabemos que dos terceras partes de los ecosistemas están en alto grado de deterioro. De los temas que se incluyen en este área de debate es el agua el más importante.

Debo aclarar es que no deberíamos tratar en estos temas como separados sino en vinculación,  en el consejo invertimos en ver los nexos que hay entre energía y agua, por ejemplo.

Si tuviera que recomendar a un empresario latinoamericano que no está convencido que la sustentabilidad le agregue valor a su negocio, que le diría?

En nuestro proyecto Visión 2050 encontramos tres tendencias para mediados de siglo: La primera es el crecimiento exponencial de la población llegando a más de 9 mil millones. Acompañado con  crecimiento económico en países en vías de desarrollo y en economías emergentes y por último el crecimiento de las clases medias.  Todas tendencias son positivas sin embargo esto va en paralelo a una contaminación cada vez mayor, deterioro de los ecosistemas y una disputa que va en aumento por los recursos naturales del planeta.

Es decir,  estamos en un trayecto poco sostenible. Visión 2050 está tratando, primero, de formular una concepción sobre el desarrollo sostenible que queremos para  el año 2050 y una hoja de ruta para llegar a ese futuro. Lo que resaltamos es que vemos enormes oportunidades de negocio para el sector empresarial. Este sector es el único que tiene los recursos para financiar  y para llevar a cabo un crecimiento dentro de los límites del planeta. Es un desafío y una enorme oportunidad de negocios.

Hoy por hoy vemos una carrera entre empresas y gobiernos para ofrecer tecnologías energéticas inclusivas. Estamos viendo como China se ha convertido en proveedores de paneles solares y la India está trabajando en abastecer a poblaciones de bajos ingresos.  Esperamos que el empresariado latinoamericano se una en esta carrera hacia un futuro más inclusivo.