“Las empresas no deberían calcular el valor de sus externalidades ambientales y sociales en soledad”

12.11.2014 | Entrevistas

Homero Santos, co-fundador de Uniethos y miembro de la Universidad Don Cabral de Brasil, dialogó con ComunicaRSE durante el taller “Bioeconomía y Desarrollo Sustentable ¿Cuál es el rol de las empresas?”, organizado por Amcham. Presentó su modelo del ciclo bioeconómico y opinó sobre la nueva tendencia de cálculo de las externalidades ambientales y sociales de los negocios y su influencia en la región. Finalmente reflexionó sobre los premios como incentivos para las empresas.


Para entender el concepto de sustentabilidad, Homero Santos propone abordarlo desde una concepción transdisciplinaria y transgeneracional. Esto significa pensar el Desarrollo Sustentable como el camino hacia la “continuidad del modelo civilizatorio humano y social en el tiempo”. Luego de presentar sus ideas sobre los cinco tipos de capitales (natural, humano, social, manufacturado, financiero) explicó en qué consisten los modelos mentales economicistas y como estos están generando una sociedad desequilibrada, en donde no se “garantiza la calidad de vida de la generación presenta ni de la futura”. Al respecto dijo: “El modelo de sobrevaloración del PBI como expresión de la riqueza necesita desaparecer. Brasil, por ejemplo, mide su crecimiento en relación al PBI pero a costa de la degradación y de la venta de sus capitales naturales. Es necesario vivir del rendimiento del capital y no de su uso.”

Hoy el sector privado está interesado en calcular las externalidades ambientales y sociales de sus negocios, ¿cómo ve esta actitud de las empresas?

Para mí una clave para calcular el valor de las externalidades es involucrar a las partes interesadas, a los grupos de interés afectados por la acción de las empresas, para conocer lo que piensan y sienten respecto a los impactos del negocio y comprometerse a trabajar en acciones conjuntas. Esto va a resultar en un cálculo financiero porque para disminuir una externalidad yo debo partir de la medición de mis impactos y ejecutar un plan que necesita inversión. Pero el sentido de la externalidad se lo dan las partes interesadas. Las empresas no deberían hacer este cálculo en soledad, de manera independiente, sin establecer un dialogo con su entorno operacional, que involucra a toda su cadena de valor.

El mes pasado la consultora KPMG presentó un informe que identificaba tres factores clave para incorporar las externalidades sociales y ambientales en la valoración de las empresas, en una de ellas coincide contigo: el diálogo con los grupos de interés. Pero también menciona a la legislación como otro impulsor, ¿cuál es su opinión sobre el rol de los gobiernos en este sentido?

Hay dos ejes distintos de analizar esta cuestión, uno es la acción del gobierno a través de las legislaciones. Es importante que los gobiernos se involucren para regular externalidades que sean comunes a cierto tipo de actividad. Pero no basta. El otro eje tiene que ver con lo que se conoce como licencia social para operar. En la medida que como empresa dialogo con los actores sociales afectados y atiendo sus expectativas, yo construyo mi licencia social para operar. Perder esta licencia puede ser perjudicial para las empresas e impactar en lo financiero.  Esto va más allá de la regulación y es la verdadera responsabilidad social empresaria, entendida como un comportamiento ético espontáneo.

En nuestra última entrevista en 2010, se mostró muy favorable a los premios como incentivo para las empresas. Hoy, luego de cuatro año y cuando acaban de presentarse los ganadores del Premio Ciudadanía Empresaria de Amcham, ¿cuál  es su opinión de estas iniciativas? ¿son realmente un incentivo para las empresas?

Sí y no. Las empresas que ya tienen acciones en sustentabilidad se alegran de ser reconocidas. Yo pienso que nadie va a hacer algo pensando en un premio, sino más bien se piensa: ya que estamos haciendo algo presentémonos a los premios. El verdadero incentivo de la sustentabilidad empresaria es la conciencia de los gestores, de los directivos de las empresas. Se trata de un compromiso ético personal de la alta dirección, sino es una acción de marketing. En segundo, es la viabilidad económico financiera, es decir que la sustentabilidad tenga repercusión en el balance, por ello es un valor intangible. Hoy hay cada vez más interés en medir estos intangibles.

¿Percibe que este interés de dar valor económico-financiero a las externalidades está presente en América Latina?

En Brasil se habla mucho de estos temas. Por ejemplo, yo pertenezco al Instituto Brasileiro de Governança Corporativa y con ellos creamos una comisión de estudio de sustentabilidad que presentó un documento base para empresas con foco en el cálculo de externalidades. Lo primero es identificar qué tipo de externalidades tiene cada industria y asignarles un valor. Por ejemplo, se calcula cuánto cuesta una hora de embotellamiento en términos de emisiones, daños a la salud, horas de trabajo perdidas. Estas son externalidades de la industria automotriz posteriores a la venta del producto, y por ello no son asumidas por las empresas. El sector privado debe comenzar a incorporar estas externalidades a sus balances.